Era Poggio, con una sonrisamarrullera en los labios.
2
La persistencia con que lo acosaban sus guardianes y la sonrisamarrullera del sargento le hicieron adivinar el chantaje.
3
Caupolicán rechazó el que le ofrecían con su sonrisamarrullera, pero ya era tarde para que ellos hicieran lo mismo.
4
Dio un respiro profundo y, con más dominio, se atrevió a levantar la vista: el hombre continuaba mirándola con desparpajo y esa maldita sonrisamarrullera.